Notable cierre de año (aunque siempre puede haber algo más) realizado en el “Verde”, en Tristán Narvaja, con la presentación del libro “Vulgaria” de Martín Palacio Gamboa.
Una tonelada de gente linda que hacía tiempo no veía, en un ambiente de camaradería y disfrute cuasi navideño.
Un goce escuchar el análisis de Luis Bravo, siempre fermental, en la concordancia o en el disenso, y ver como el público presente colaboró alegre en la fiesta de la noche.
Hay una foto tomada Por Barea Mattos en la que aparece la barra presentadora (Leonardo Leci, editor; Martín Palacio, autor de Vulgaria; un servidor y Luis Bravo) y otra tomada por Lucía Delbene en el momento que propongo una lectura de raíz y deuda netamente padineana. Entre happening y performance del mejor estilo Fluxus, una acción irrelevante-irreverente en la que construimos-interpretamos-consumimos el “Poema de amor” de Martín.
SOBRE LA EXPANSIÓN DEL EJERCICIO POÉTICO (prólogo para Vulgaria)
Luego de la magnífica “Celebriedad del fauno” (ed. El Clú
de Yaugurú, 2014) en la que Martín ejercitaba un lúcido recorrido por las
diversas posibilidades expresivas de la verbalidad poética y la verbovisualidad
que se encaminaba por los senderos del collage, el pentacróstico, el letrismo,
asematismo, concretismo, etc., hoy nos presenta este nuevo trabajo que da a
lugar un nuevo proceso de exploración en
el campo de la poesía expandida.
En este “Vulgaria” la presencia de lo visual se convierte
en un eje continuamente presente, casi dominante en las obras que la integran y
la diversidad de técnicas empleadas para la elaboración de los mismos vuelve a
ser una constante: collages-analógicos, digitales, dibujos manuales, stencil, Photoshop,
Illustrator, aplicaciones de AI, técnicas mixtas de grabado, etc., que
demuestran el interés en explorar las diversas transformaciones posibles
/ probables, de la imagen.
Y a pesar del avance del tiempo y de las tecnologías, recordemos
las sabias palabras del pedagogo y antropólogo Figueira
, cuando en sus manuales escolares decía:
Pídase a los alumnos que estudien las
principales figuras de este libro (…) los niños se irán dando cuenta de que las
figuras constituyen una forma de lenguaje escrito, e irán aprendiendo a leer lo
que el artista ha querido expresar en ellas. (p.5)
Acá Gamboa propone un viaje por lo intrincado del
lenguaje, que no sólo es verbal; en tiempos que la imagen vuelve a ser el medio
por excelencia para comunicar un mensaje, como en la Edad Media, la tribu
contemporánea decodifica analógicamente el discurso, como lo proponía Mallarmé:
“El género, [el poema] que se vuelve uno como la sinfonía, (…) deja intacto el
verso antiguo (…) en tanto que ahora el caso a tratar sería, de preferencia
(así como sigue), temas de imaginación pura y compleja o
intelectual: no queda ninguna razón para que esta sea excluida de la Poesía –su
única fuente.” (Traducción y subrayado propio)
La imaginación y también el humor crítico son elementos caros
e indispensables para los que transitan caminos por fuera del canon letrado o el
establishment literario, irónicamente Ferreiro
(p. 1, 1930) planeaba hacerse un lugar en el “justo sitio dentro del
amansamiento de la Ciudad del Arte”, algo que nuestro autor no tiene en vista
hacer. En obras como “Pop para divertirse”, “Mate”, “La bestia folk” o el
brillante apropiacionista “Poema de
amor”, el lectovisuaescuchador (si se
me permite parafrasear a Joyce), podrá entender de lo que hablo.
En obras como: “De urgente consideración”, “El discurso
del fascismo” o “Teología de la prosperidad” podemos entrever una profunda huella padineana. El propio Martín escribe que:
Abarcar la obra de Clemente Padín puede
llegar a ser un verdadero ejercicio hermenéutico de la ruptura en cuanto
máquina discursiva. Una máquina que
invita a un sumergirse en el trabajo de los signos, las operaciones
distintivas de la escritura, los espacios de la textualidad, y el proyecto en
construcción de una lectura hecha en el umbral de otra.
(Subrayado propio)
Y como en aquella vieja etiqueta de Jabón BAO, la obra
dentro de la obra, el recurso de mise en
abyme es utilizado en el “Soneto sonoro para Clemente Padín” allí Martín
recurre a dos composiciones musicales del propio Padín, el “Estudio Folklórico
n°1 (Aire de milonga)” y el “Estudio Folklórico n°2 (Aire popular)”
milagrosamente preservados por el concertista Gonzalo Solari, reformulando la
partitura musical en escritura visual (¿verbivocovisual?).
En la inquietante pieza visual “Antropofagia cultural…”
publicada en este poemario, el autor echa mano al apropiacionismo de algunos de los petroglifos relevados por Cosens
& Bespali, en la localidad de Chamangá y es imposible no pensar en Swadesh
y recordar, cuando decía que la mano del hombre pintada en una pared era la
primer letra de su alfabeto.
El poeta mantiene todavía aquella función primordial, sus
palabras, el negativo de su mano, fue alguna vez una obra de arte original, o
como dice Read,
“parte de una compleja estructura vocal que fue una obra de arte original”
Hoy la mirada tiene la perspectiva de la distancia, las
palabras, su voz o sus símbolos acuñan nuevos significados, el poeta – el
demiurgo – busca combinaciones desusadas, crea o re-crea lo que él denomina
“potencia visual”. De algún modo, esta Vulgaria
se trona Vulgata, es decir, adquiere
un potencial de ritual atractivo, las palabras (imágenes) adquieren
significados nuevos, el autor empecinado escarba en la posibilidad
revolucionaria (incómoda) del discurso asémico, proyectando un ritual de misa pagana para la nueva humanidad.
[Un aparte] Me declaro un fanático de la obra de Juan
Cunha, cómo no hacerlo, pero eso no me impide, bajo ningún concepto, discrepar
en algunos puntos con él. En el magnífico Tomo I de Señal de Vida,
hay un capítulo que podría haberse llamado “sección amena”, sin embargo el
autor la denominó “Revoltijo o de todo un poquito” (p.309). Anécdotas, breves
ensayos, poemas, críticas mordaces, algunas con destinatarios y otras un poco
más sugestivas, con dardos a colegas locales, obviamente.
Aquí Cunha plantea lo que para mí resulta una falsa
dicotomía, critica de forma feroz a Huidobro (“ululalero (…) ultralatoso”,
p.157), por el único delito de inventar
palabras, para Cunha la verdadera función del poeta es descubrirlas (p.343) tener “fe en la palabra”, pues bien, volviendo
a este “Vulgaria”, la poesía se descubre pero también se inventa. El europeo
cuando llega a este continente descubre nombres e inventa otros para recrear lo
que ve, cuando el lenguaje que conocemos no alcanza para mostrar la cruda
realidad que nos rodea, recurrimos al poeta, sea este, al decir de Cunha: creyente o supersticioso. (p.343)
[Anécdota al margen] El autor, durante su búsqueda para
encontrar apoyo a su proyecto, contactó con un par de pequeñas editoriales ̶a̶l̶t̶e̶r̶n̶a̶t̶i̶v̶a̶s, que asombradas, (¿escandalizadas?)
rechazaron la propuesta al ritmo de un sonsonete
de salambeque: “esto no es poesía”. No viene al caso nombrarlas, de último
la ignorancia no es un crimen. “Cree el vanidoso aldeano, que el mundo entero
es su aldea”, escribía Martí en su ensayo “Nuestra América” (1891) y mientras
voy cerrando la nota, escucho a lo lejos, los versos de Violeta
que dicen: “¡caramba y zamba la cosa, que vivan los experimentos!”
Juan
Angel Italiano.