domingo, 9 de agosto de 2009

ART ATTACK (por Santiago Dentone)

ART ATTACK

Entrevista en 3 momentos con Juan Ángel Italiano


El visitante que ingresó al Edificio Lapido en Montevideo a ver la exposición de Juan Ángel Italiano, organizada por la Unión Latina, se encontró con propuestas como esta: Un sacapuntas antiguo (de los de manivela), un recipiente con lápices y una serie de siete instrucciones bajo el título de la obra: “Pieza de recuerdo”.



1- Tome un lápiz al azar.
2- Introduzca un extremo en el sacapuntas mecánico.
3- Accione el mecanismo durante un tiempo, reduciendo en forma considerable el tamaño del mismo.
4- Retire el lápiz.
5- Guárdelo en su bolsillo o cartera.
6- Al llegar a su casa deposítelo en una caja o armario donde sepa que pasará un buen tiempo sin verlo.
7- Cuando lo encuentre tiempo después, en forma casual, deténgase a recordar este momento y asócielo a los olores de su infancia.



Dicen que para muestra basta un botón. Este no es el caso. La versatilidad de recursos es una de las características de Italiano. Su propuesta artística pasa por la poesía objetual, el video, la exposición sonora, la fotografía digital y la fotoacción, entre otras. Sin embargo, hay algunas direcciones comunes en su producción. En algunos casos es la participación del espectador para la realización total de la obra, en otros el contenido político (no partidario, aclara) o el contenido lúdico y, en otros, la provocación. La mayoría de las veces, todo se ofrece al mismo tiempo, apelando al espectador para hacerle ver algo de la realidad que comúnmente prefiere dejar inadvertido.
“A la gente le molesta que le recuerdes las cosas. Estamos en la cultura mermelada”, afirma Italiano. “Gran Hermano es el reflejo de la visión estética de la sociedad actual. Voyeurismo barato, sin sentido”. Su obra busca provocar, interpelar al espectador. La provocación existe como medio para remover la indiferencia. No es raro que algunos reaccionen con excitación, fastidio e indignación ante sus exposiciones. Para Italiano eso es normal, ya que revela la diferencia ideológica que lo distancia de algunas personas: “Hay gente que habla mal de mí, y eso está bien. Si Gavazzo empieza a llamarte por teléfono para saludarte, algo tenés que estar haciendo mal”.
Entre muchas de las reflexiones sobre el sentido de su obra, Italiano manifiesta la intención de reflejar la realidad que ve. ¿Y cómo es esa realidad? “Complicada. El mundo es una mierda con cosas lindas”, sentencia.

II

“Hay algo que vos no entendés”, me dice pacientemente Juan Ángel Italiano luego de mi insistencia sobre la posibilidad de que un artista pueda vivir de su arte. “Yo no quiero vivir del arte, porque lo que yo hago no está a la venta”. “No soy artista, soy constructor. Me dedico a la construcción y en mi tiempo libre hago cosas como estas”, agrega. El uso de expresiones como “artista” para referirse a sí mismo o de “arte” para referirse a sus obras, también fue una deferencia por parte de Italiano hacia el entrevistador. Él no cree en la validez de estos conceptos. “Decir artista es insultar al resto de los humanos, toda persona es creativa”, explica Italiano luego de recordar un pensamiento de Marx (aclara no ser marxista): “En la sociedad del futuro no va a haber pintores, sino personas que pinten”. Por eso Italiano se irrita con el uso imprudente y arrogante del término “artista” y advierte entre irónico y desafiante: “A no creerse el artista por hacer productos enlatados…”.
La visión crítica de Italiano sobre el arte y sobre su comercialización no es producto de su original y apasionada creatividad. Su posición conecta con una sólida y conocida concepción política (no partidaria, aclara Italiano): “Si perseguís un fin comercial, el mercado te termina cambiando el producto”. La libertad es necesaria para la creación e irrenunciable: “Si lo que hacés se transforma en movimiento, cambiá”. No obstante, resulta una rareza en el mundo de hoy la renuncia a cualquier valor comercial de un producto cultural. El propio Italiano reconoce que aquí lo miran como bicho raro porque no vende lo que hace o porque, lo que está a la venta, se ofrece a precio de costo.
Italiano dice exponer más, y más barato, en el exterior que en Uruguay. A partir de su exposición en Montevideo, pudo comprobar una realidad que en principio la limitaba sólo a Maldonado: “Me di cuenta de que el promedio nacional de espectadores es de treinta personas”. Sin embargo, no piensa en emigrar. Acá es feliz y subsiste. Alguien, de experiencia en el ambiente, le dijo una vez que no perdiera el tiempo en intentar mostrar sus obras acá. Igualmente Italiano insiste en trabajar en Uruguay, entre otras cosas, porque paga impuestos y sostiene que eso le da derecho a usar la Casa de la Cultura.


III

El año pasado Juan Ángel fue invitado a participar de una feria cultural en el Liceo 4 de Maldonado. Allí se dio un episodio que no pasó inadvertido y que algunos preferirían olvidar. Las dos escenas que despertaron la ira de algunos padres y la recriminación de las autoridades del Liceo hacia los organizadores del evento (algunos profesores) las recuerdo de la siguiente manera:



Primera escena: Italiano recita algunos “versos sordos” por el bullicio reinante entre los adolescentes presentes. Luego del esfuerzo de adscriptos y profesores, los jóvenes son instados a sentarse en el más solemne de los silencios. Juan Ángel comienza entonces con el recitado de un texto de la estadounidense Eve Ensler, titulado “Reivindicar la concha”. Una especie de oda a los genitales femeninos finalizado con un potente y, por todos coreado: “CONCHA”. Brotan los primeros sarpullidos.



Segunda escena: Los jóvenes adolescentes son “invitados” a pasar a la sala de actos para ver un video compaginado por Juan Ángel Italiano. Si bien varios lograron escapar a la invitación, la sala quedó colmada. PLAY. Un hombre simula una masturbación con unos tubos durante tres segundos. Aparece un cartel alusivo que dice “AMOR PROPIO”. Los jóvenes expulsan risas estridentes y nerviosas al ver las reacciones de los mayores. El video sigue sin otra referencia sexual. La afección cutánea es total. Las caras que salen y entran de la Dirección son de pavor. Final del evento.

La temática de la presentación de Italiano excedía en mucho al tema sexual. La mayor parte del audiovisual refería a situaciones de injusticia o de violencia en el mundo actual. Sin embargo, el virtual acto masturbatorio derribó toda narración. Al recordar aquel incidente, Italiano justifica “Claro, querían que fuera a contar un cuentito”. “Esto demuestra que la sexualidad sigue siendo un tabú”. “No busco ofender, si el otro se ofende el problema es de él”. “Cuando planteo una obra no hay mérito mío, el responsable de la visión de la obra es del que la ve”.
Cuando le pregunto si considera que todo es mostrable, Italiano se queda pensando. “Sí, todo es mostrable”, dice finalmente y cita a Lautrémont “Yo quiero mostrarte mis virtudes, pero no soy lo suficientemente hipócrita para ocultarte mis defectos”. No obstante, confiesa que él se cuestiona sobre lo que muestra. Hay cierto tipo de arte extremo que no se animaría a mostrar. La provocación de Italiano pasa por enfrentar al espectador con sus propias creencias y prejuicios. En contra de lo que algunos creerían, a Italiano le interesa despertar en el espectador los valores humanos que duermen en colchones de mermelada.