lunes, 7 de octubre de 2013

Misión difícil, entrevista a Juan Angel Italiano (por Federico Menese para Cooltivarte)


“los lectores de poesía (…) son personas con expectativas de aventuras y con sed de conocimiento, porque como ya dijeron hace tiempo: la poesía es fundar nuevos mundos”


 ¿Cómo es editar poesía hoy en Uruguay? Y ¿Cuál es la relación de los poetas y de la poesía en general con las editoriales hoy en Uruguay?


Desde los orígenes del país la situación se ha mantenido parecida en muchos aspectos. Ya Roberto de las Carreras se financiaba sus propias plaquetas o Julio Herrera y Reissig publicaba sus textos en periódicos o revistas, esto es, que la edición nunca necesitó más que el deseo y claro, una mínima inversión si pensamos en un libro. Enrique Fierro publico varios poemarios con tapas de cartón corrugado y papel de embalaje en los 60. Juan de Marsilio sacaba sus “Pedazo de poesía” que eran hojas fotocopiadas en el 2000. En el interior aún se publican poesías en semanarios de pequeñas localidades. La poesía es desde sus orígenes  un trabajo que exige participar en todo el proceso. La auto edición es una de las principales fuentes a la hora de la superar el borrador o el apunte y montar la obra en algún soporte para compartirlo.
Hay una idea errónea que supone que para “editar”, ese sagrado rito iniciático que te eleva de categoría, que te coloca en el lugar de escritor, hay que hacerlo en una editorial y si es conocida mejor.  Sirva como ejemplo del valor simbólico del libro, las “exigencias” que el Ministerio de Educación y Cultura (MEC) y su proyecto Registro Nacional de Escritores y Escritoras propone para acceder a ser incluido en él: tener un libro publicado a través de una editorial. Y en caso de excepción, “igualmente podrán inscribirse en el registro si son propuestos por instituciones vinculadas al medio literario y escritural (sic) como la UdelaRla Academia Nacional de Letras, La Casa de los Escritores, la Asociación de Escritores del Interior, entre otras”.
Esto significa que el libro debe tener tapa dura, lomo impreso y un prólogo de otro escritor conocido. Hay quienes pagan cualquier dinero para que una editorial de nombre publique tu trabajo, sólo para que no sea una edición de autor. Hay quienes con menos dinero apelan a editoriales ajustadas a su presupuesto, no tan conocidas pero como tienen un “sello editor” y aunque no tengan ISBN y tampoco se amparen el Decreto 218 / 96, valen para justificar el “sueño” de que la obra publicada, aunque claro,  tu pusiste todo el dinero o más aún que si fueras directamente a una imprenta. Las editoriales son empresas con una finalidad que es el lucro económico. Toda editorial buscara recuperar cualquier inversión y obtener ganancias. La “lectura” es un mercado, por lo tanto, todo emprendimiento se regula por leyes de oferta y demanda.  Hoy las editoriales invierten en forma íntegra sólo a autores conocidos y de quienes esperan, que su nombre sea el principal imán para la venta de un producto que en este caso es el libro.  El mercado es así, tu puedes gastar 400 0 600 pesos comprando libro grueso (si grueso: mucho papel impreso) de poesía, ¿pero de quién? Bueno, pensemos: Benedetti, Vilariño, Inverso. Escritores que tienen un “público” material con salida, con buena expectativa de venta. Es así, es el mercado y por lo tanto está bien. Escuché a más de un poeta con algún premio obtenido en algún concurso decir que ellos no pensaban poner dinero para la edición, que viniera alguna editorial a publicarles. Ahora lo más gracioso es que no esperaban vender su obra. Apenas quedarían contentos si alguien se las publica y les da algunos ejemplares de regalo. Hay un “sueño literario” que no a todos le interesa, pero si a la mayoría, que es el “objeto libro” es casi como el trofeo o la medalla para un deportista. La consigna entonces sería: tener un hijo, plantar un árbol y “editar” un libro (Ya no escribirlo). Los autores desconocidos no forman parte de ningún mercado económico, no encontrarán góndolas o anaqueles en las librerías que digan “autor desconocido”. Entonces el mercado editorial de primera línea no invierte en productos que de seguro darán pérdidas. ¿Qué queda entonces? Bueno el mercado editorial de segunda línea o sea, las pequeñas editoriales o las editoriales que no cumplen con los requerimientos formales del mercado, que tampoco invierten en autores desconocidos, pero tienen menos exigencias, ya que su ganancia queda cubierta por el propio autor. Porque mientras para las grandes editoriales la ganancia se encuentra en las ventas del libro, las editoriales de segunda línea ganan con la edición del mismo. Las primeras ganan con el público y las segundas con los autores. Cualquiera que tenga capacidad de ahorro puede editar un libro, cuanto mas ahorre mejor se verá. Lindas tapas, prólogos prometedores, pero claro, el contenido es otra cosa.
Resumiendo una respuesta a las preguntas luego del largo introito: La poesía en su mayoría hoy en Uruguay se publica bajo costo y riesgo del autor.
Las editoriales le dan la posibilidad al poeta de tener un “certificado” palpable (el libro) que a su vez se convierte en una carta de presentación y la calidad del mismo, permite el desplazamiento en un escalafón vertical imaginario o no tanto (si pensamos en el Registro del MEC) que posiciona al escritor en un “ranking” determinado. Las editoriales son empresas, que podrán tener gestos aislados y no muy frecuentes a la hora de financiar ellas algún producto (libro) en particular, pero en la mayoría de los casos será en función de amistad o porque hubo algún intercambio previo o contrapartida con beneficio para la misma. O sea, la relación poeta – editorial es, fue y será un negocio económico. 

-¿Cuál es su motivación a la hora de escribir? ¿Se encuentra “bloqueado” en algún momento? ¿Cómo es tu proceso creativo? ¿Cómo trabajas hasta concretar un poema?


En mi caso, todo acto creativo es producto de una casualidad. Parafraseando a Lautreamont, podría decir que la motivación es el fortuito encuentro de una idea sobre la pantalla de un computador encendido. Y ¿el bloqueo?, en fin, la parabólica siempre está encendida. Las antenas en todas direcciones. Las ideas salen de sucesos insignificantes. Pero no fuerzo la necesidad de que aparezca algo. No hablaría en mi caso de bloqueo, prefiero la imagen de hibernación del ordenador.
Toda obra siempre en principio es un borrador. La idea de alguna forma la registro y luego, enseguida o tiempo después se trabaja. La desarmo, la armo, agrego y saco. La dejo otro tiempo guardada. Si logro el olvido momentáneo mejor. Y después se empieza de nuevo, hasta que digo: ok, es esto. Pero un trabajo nunca está verdaderamente terminado. Es más, tengo obras que están en permanente evolución. Cada vez que la represento, siento el deseo de cambiar algo, variarla sin que deje de ser ella. La pieza, la obra, el poema puede estar creciendo, madurando, sin dejar de ser la misma (aunque algunas veces muta en otra).  

-¿Cuál crees que es el perfil del lector de poesía?

Ah, esta es una pregunta sin respuesta. Pero para no dejar un blanco en el cuestionario, podría decir que si encuentras a una persona que su única fuente de lectura es la poesía, nos encontramos frente a un caso clínico digno de estudio. La poesía en general es exigente o al menos debería serlo, entonces por lo tanto, los lectores de poesía (que no se autoexcluyen de otros géneros de producción escrita) son personas con expectativas de aventuras y con sed de conocimiento, porque como ya dijeron hace tiempo: la poesía es fundar nuevos mundos.    

-En los concursos de poesías ¿Qué tan subjetiva es la elección de un poema para que unos sean publicados en un libro y otros queden afuera?

Pregunta retórica si las hay. Cada concurso y cada selección de jurado son diferentes. Las motivaciones son casi infinitas. Desde los resultados amañados, que incluye reparto de premios o retribuciones a la vuelta. Amiguismos varios o diferentes grados de relacionamiento. Favores políticos. Famosos concursos ganados por talleristas de los jurados. Nunca excluyamos la pasión del amor tampoco. Y si nada de eso sucede, la subjetividad se relaciona básicamente o en corrientes estéticas de la que el jurado es afín y reconoce en la obra analizada cierta empatía. O la vieja y tan querida “piel”. Toda experiencia estética reproduce en nuestro interior una serie de analogías entre la obra contemplada y nuestros recuerdos. La simpatía o el rechazo son reacciones instintivas a nuestros recuerdos evocados por la obra. Bueno, además podemos encontrar, difícilmente, algún jurado que evalúe la originalidad, lo novedoso de la propuesta, el grado de dificultad propuesto. Pero por ahora, siempre hay un alto grado de subjetividad a la hora de seleccionar un trabajo. Es humanamente inevitable. Cuando se desarrolle un software que analice parámetros de creatividad, recién ahí hablaríamos de objetividad en los resultados de un concurso.

-¿Qué significa para ti la Poesía?

La poesía es una forma de comunicación, una construcción semántica que comunica de forma conciente o plantea una cierta dificultad, un “ruido” una interferencia en el mensaje, que propone a quien lo reciba, la necesidad de  esforzarse, realizar un mínimo ejercicio de interpretación. La poesía te hace levantar del asiento o te hace agarrar el control remoto de la pantalla del TV y te obliga a revisar el menú y trabajar sobre la configuración y resolución  de la misma. La poesía interpela, cuestiona, en el mejor de los casos sacude. Si tuviera que elegir una definición y si no importara que fuera tautológica, citaría el “Segundo homenaje a Isidore Ducasse” de José Angel Valente:

Un poeta debe ser más útil
que ningún ciudadano de su tribu.

Un poeta debe conocer
diversas leyes implacables.

La ley de la confrontación con lo visible,
el trazado de líneas divisorias,

la de colocación de un rompeaguas
y la sumaria ley del círculo.

Ignora en cambio el regicidio
como figura del delito
y otras palabras falsas de la historia.

La poesía ha de tener por fin la verdad práctica.

Su misión es difícil.

-¿Cómo es su relación con el lenguaje, con las palabras? ¿Usted las busca, las persigue o ellas llegan?

En general mi área de trabajo es el lenguaje y sus diversas formas expresivas. Su relación con los diversos soportes que adquiere. El lenguaje poético puede asumir áreas diferentes a la expresión verbal escrita. El sonoro, el visual, el objetual. Y aquí podemos hablar de las diferentes interacciones, maridajes en estos campos expresivos y de diversos grados de preeminencia de unos sobre otros. Esto da nuevas formas expresivas, híbridos en algunos casos y cada uno de los mencionados en primer lugar, también tienen formas arborescentes. ¿Perseguir, encontrar palabras? Hay un poco de cada cosa.  Cuando la intuición me hace prestar atención a una idea, los procesos evocativos son diversos, aparecen mil recuerdos y sólo vas tomando algunos pocos. Tal vez perseguir no sea la palabra justa. En todo caso mejor decir: seducir, atraerlas, como el que le da migas de pan a las palomas en una plaza.

-¿Cómo ves la poesía actual en Uruguay? ¿Y en ella a tu generación con respecto a las anteriores?

Realmente se me dificulta mucho cuando pienso en generaciones. Ahí marcamos franjas etáreas. Y en mi franja etárea hay tipos (o tipas) que van adelante, lejos muy lejos. Y hay tipos (o tipas) que están anclados a años luz atrás. Hay productoras / es de poesía hoy en Uruguay que me parecen muy interesantes, novedosos y que se nota en su obra un esfuerzo por realmente hacer algo nuevo. Una mirada autocrítica al trabajar en el proceso de la creación. Hay muchos más, que repiten (repetimos) con más o menos dejadez o inteligencia, que escriben poesía, sí claro. El problema es que no sienten vergüenza en repetir y repetir más de lo mismo. Bonito y lindo sin duda. Decorativo como un póster comprado en un Shopping. Pero siempre es así. En todas las generaciones hay escritores de manos adocenadas, no veo porque tendríamos que ser una excepción. Pero el tiempo es un gran tamiz. Los buenos trabajos son los que poseen valores que trascienden su época y su generación. Hoy te pueden aplaudir y hasta pueden  mencionarte en una nota o pedirte que llenes un cuestionario.  Lo mejor que puede pasarte es que valoren y aprecien tu compromiso con la obra y el trabajo. El juicio de la misma le corresponde a las generaciones venideras.


-¿Qué te generó o dejó la generación del 45’?

En primer lugar una camada de madres y padres que cuando les pego no siento ningún remordimiento. El parricidio fácil y sin culpa no genera ningún tipo de trauma. Hay notables y necesarias (a Dios gracias) excepciones. Berenguer o Cunha por ejemplo, hablando de poetas, me resultan maravillosos, porque en algún punto saltaron el murito tonto de la seguridad del establishment o canon literario (Declaración conjunta o Letromaquia). Tienen obras que van más allá de lo esperable y de lo “políticamente correcto”. Pero esa generación (en general y al barrer) cumplió una función muy importante en la cultura uruguaya hasta el 60. Y gracias, muchas gracias, que se les cuelguen las cocardas, les entreguen una placa agradeciendo su labor. Que alguien pida un taxi y los lleven a sus casas.  Sería necesario hacer una lista completa, de quienes son todos los que integran esa generación y colocar la posibilidad de tildar un: me gusta o no me gusta. En pleno 2013 deberíamos hablar de la generación del 60, de la resistencia y de fines de siglo pasado. Lo otro es historia vieja.   

-¿Qué libros nunca has podido terminar de leer y por qué?

Uf, la lista sería larga. En novela, si a las cuatro o cinco páginas el escritor no me sedujo con su historia, si no me convenció de que su ficción me interesa, lo cierro sin perder el tiempo. En poesía si después de tres o cuatro poemas no encuentro vuelo, magia o una voz que me hable, lo cierro y lo dejo. Otro tanto en teatro. Ensayos, crítica o filosofía tienen que tener la seducción de un lenguaje simple. Si el autor elige terminologías complicadas, giros y construcciones semánticas rebuscadas de ex profeso, también los dejo. Los grandes autores en estos rubros se caracterizan por la simpleza de los conceptos. Esto no tiene que ver con el entendimiento de la obra, sino con el carácter de quien la escribe. Hay libros que pensaba que me iban a fascinar y se me cayeron de la mano. Tal vez no fue el momento. También hay un grado de maduración en el lector. Supongo que hay un tiempo para todo. Pero también hay gustos y simpatías. No necesariamente una obra sea mala o buena porque la lea o no. Hay empatías contundentes.   

-¿Qué opinas de los ciclos clásicos de nuestro medio, ejemplo Caramelos y pimientos, Ronda de poetas, etc.?

Un fenómeno muy interesante. Si no estamos en un momento de máximo esplendor, estamos muy cerca. Este crecimiento arranco a fines de los 80 por lo que cuando el mismo proceso decaiga, tal vez lo haga a la misma velocidad. Hoy lamentablemente, la mayoría de los ciclos dependen del lugar  físico. Muchos se hacen en comercios (bares) lo que lleva a mezclar el evento cultural de la difusión de un poeta  con el espacio para vender una pizza o una cerveza. No hay un equilibrio entre las dos propuestas. Los comercios dan un espacio a cambio de nada. Y nada es nada. El comerciante obtiene ganancias económicas por una serie de espectáculos continuos en los que no invierte ni tiempo ni dinero. Eso terminará generando un desgaste inevitable. Por otro lado, se hacen en espacios no “bolicheros” y creo que son los que más posibilidades tienen de sobrevivir. Hay una inmensa vocación y amor de parte de personas, que organizan, llaman, gastan dinero de su bolsillo para coordinar y llevar un espectáculo a un lugar donde otro obtiene dinero por su trabajo. En más de una ocasión algún organizador puso una bebida o una comida arriba de la mesa, pagada de su bolsillo para los poetas, porque el dueño del bar no te da ni un agua. La actividad poética sufre de un gran desprecio por parte de estos comerciantes, que asumen que le hacen un favor  a los organizadores de estos tipos de eventos. En algún momento los organizadores se van a juntar, conseguir algún garaje y van a salir de este circuito en el que unos ganan y otros pierden a cambio de un espacio. Hay lugares a los que en Montevideo vuelvo si me invitan, porque quienes organizan entienden esto, y tienen una atención para con quienes participan. Pero hay otros lugares, que aunque quiera a los organizadores y los considere excelentes personas, no los piso más. Boliches en los que vi como sus dueños ningunean, no sólo a quienes participan, sino a los organizadores. Hay una dinámica nefasta en todo esto, en esta necesidad de organizar y mostrarse y no contar con el espacio físico para hacerlo. Acá tendríamos que hacer otra lista, con todos los ciclos que hay hoy en día. Y valorarlos según como tratan a los invitados. Una especie de certificado del Latu de respeto por el otro.
Dicho esto, me parece que hay que valorar este fenómeno, ya que el poeta es un trabajador solitario y en estos sitios encuentra un vehículo para mostrar su trabajo con un feedback muy interesante entre el escritor y el público. No todos los ciclos son iguales y acá volvemos a lo locativo. Una vez participe en un ciclo que se hacía en un bar y había un cumpleaños o una despedida, o sea, el ambiente para desarrollar una experiencia poética no resulto de lo mas adecuada para alguna de las propuestas. En otra ocasión participe en un ciclo que se realizaba en una librería. Velas, poca luz y silencio. Me hizo acordar a lo que decía Julio Inverso cuando hablaba de la experiencia de la lectura en directo, el decía que tenía que ser una experiencia similar a la de estar dentro del útero. No conozco todos los lugares pero puedo decir que en general se han convertido en un fenómeno más que interesante. De los dos ciclos mencionados en la pregunta, “Caramelos y Pimientos” y “Ronda de Poetas” puedo decir que sus responsables son excelentes organizadores, muy compenetrados con su tarea. Hoy para mí son emblemas y referentes positivos de este fenómeno.
Lo que les falta a los ciclos sería editar una gacetilla. Un lugar en dónde un crítico invitado hiciera una reseña de lo escuchado. Algo corto, que saliera al siguiente ciclo. Un poco de crítica nunca viene mal. Además podría ser buena o mala, sin duda adolecería de los mismos defectos de los juicios de los concursos, pero no importa. Agregaría un mayor cuidado a la hora de preparar un material por parte del poeta. Un pequeño grado de incertidumbre si además el crítico invitado hiciera consultas entre el público.

-¿Qué palabras le dirías a alguien que está comenzando en esto de la poesía, alguien que ha decidido ser poeta?

Ah bueno, que pregunta. En primer lugar que encare las ocho horas. La independencia económica es fundamental. Después que el trabajo de la poesía puede ser abordado desde diferentes ópticas: como un pasatiempo, se puede encarar como una forma de obtener reconocimiento en determinado ambiente, puede ser una buena forma de masturbación, siempre es mejor escribir que hacer terapia, es una forma de conocer gente, una escusa para frecuentar boliches en la noche, pero si se toma como un ejercicio creativo serio, necesita no sólo tiempo para escribir. Necesita mucha lectura, mucho conocimiento de la herramienta que se va a usar. Es una disciplina como otras. Requiere método, trabajo y estudio. Mucho estudio. Mucha lectura sobre crítica y saber que escriben los otros. Y crítica y auto crítica.


-¿Cuáles son los 10 libros que recomiendas leer?

Así, sin pensarlo mucho, rápido hago una lista de libros de ficción que he leído más de cinco veces. (Sin necesidad de recomendación) Sin orden de importancia: La Ilíada, Hamlet, El Paraíso Perdido, Martín Fierro, El largo adiós, Barranca abajo, Los cantos de Maldoror, Hojas de hierba, Mi filosofía de A a B y de B a A, y el Satiricón. 

-¿Crees que los uruguayos leen poesía?

Se escribe mucha poesía, se edita mucha poesía por lo que encuentro obvio que se lea mucha poesía en Uruguay.  (La poesía no cuenta en el mercado del libro, por lo tanto las estadísticas no la registran)

-¿Qué opinión te merece la poesía digital, como el concurso de T cuento Q?

Cuando hablé sobre la edición en el Uruguay de la poesía, no hable del espacio que ha abierto la Red para la difusión de este género. La Red y la masificación de este medio han multiplicado la posibilidad de compartir, mostrar y editar trabajos. Muchas bases de concursos especifican que cuando los trabajos a presentar sean inéditos, incluyen también que no hayan sido publicados en la Red. En la Red existen publicaciones periódicas, editoriales, bibliotecas, redes, espacios individuales vinculados a la poesía. Desde los más serios y profesionales a los más amateurs y descuidados. Este medio ha amplificado la posibilidad de circulación de las obras. Puedes acceder a trabajos o autores que antes eran muy difíciles o imposibles de encontrar. También se puede acceder a un público específico que no siempre podrías convocar en un espacio físico.
En la pregunta hay un error conceptual al hablar de poesía digital comparándola con T cuento Q.
La poesía digital son trabajos que explotan el soporte de una manera no convencional. Así como Mallarmé en “Un coup de dés jamais n'abolira le Hazard” re-significó el soporte, los espacios en la hoja de papel, la “poesía digital” hace otro tanto en este nuevo media, valiéndose de las diferentes posibilidades que le brindan los distintos software. La propuesta de T cuento Q  es innovadora y original en Uruguay, en la medida de proponer el uso de las nuevas tecnologías para participar, se agiliza y se simplifica el trámite, acerca a los usuarios de los nuevos hardware al mundo literario,   pero el contenido de los materiales, el micro relato no es ni novedoso ni nuevo.  Los soportes están y hay que sacarles provecho. Hoy una red social como Facebook, creada para interacción de usuarios universitarios, con un espíritu pasatista, vacuo, intrascendente y frívolo, está siendo re-significada, su capacidad de interconexión es utilizada cada vez más por una red de artistas, que la utilizan como plataforma para exponer y promocionar sus trabajos. Hay cada vez más personas que reelaboran y reinterpretan las herramientas. La Red es un espacio a conquistar por la poesía. La virtualidad es un espacio real con las puertas abiertas. 

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